Escribo porque no sé permanecer en silencio. Porque la palabra es mi carne y mi condena, y porque a veces la única manera de no enloquecer es dejar que la locura hable por mí. No busco respuestas, solo temperatura. Soy Laura Desamparada: lo que queda cuando el alma hierve demasiado.

viernes, 8 de mayo de 2026

La búsqueda

No recuerdo cuándo empezó esta necesidad de doler

tal vez el dolor fue lo primero que aprendí a nombrar 

antes incluso  del amor o del miedo.

 

A veces pienso que vine al mundo con el alma un poco rota,

y que desde entonces ando recogiendo los pedazos 

para armarme otra vez, 

una y otra vez, 

aunque nunca encajen del todo. 

 

He intentado comprender la felicidad, 

tocarla, poseerla, 

pero se escurre entre mis dedos como el agua que se burla de la sed. 

Hay días en que creo haberla rozado, 

con los brazos de alguien,

en un rayo de sol sobre el suelo, 

en una risa breve, 

pero dura tan poco que parece un recuerdo inventado.

 

La busco como quien persigue un sueño recurrente 

esa sensación tibia que se olvida al despertar 

pero que deja una huella leve, 

un olor a promesa. 

Y me obsesiona esa promesa, 

me desvela, 

me enferma, 

me enciende. 

 

A veces lloro sin razón pensando que alguna vez fui feliz, 

o tal vez nunca lo fui y ambas ideas me duelen por igual.

 

Mi mente es un laberinto con las luces encendidas y sin salida, 

una casa donde el eco de mis pensamientos habla mas fuerte que mi voz, 

convivo con mis sombras 

les sirvo café por las mañanas 

y conversamos de lo que no se puede olvidar. 

No me avergüenza admitir que he querido desaparecer, 

no por cobardía, sino por cansancio, 

por esa fatiga antigua que se arrastra entre los huesos 

y sin embargo aquí sigo, 

escribiendo, respirando, 

tanteando en la oscuridad, 

como quien busca un interruptor en una habitación sin paredes. 

 

He aprendido a vivir con el dolor 

como se vive con una cicatriz, a veces no duele pero siempre está. 

El sufrimiento se ha vuelto mi medida en el mundo

mi manera de recordar que sigo viva. 

Si no duele me vacío, sino arde no existo 

y sin embargo en medio de esta locura, 

hay algo hermoso. 

Una especie de ternura hacia mi misma, 

una compasión cansada  que me abraza cuando todo parece perder sentido, 

he hecho las paces con mis desvaríos, 

con mi corazón errante que busca belleza hasta en el polvo, 

porque hay belleza incluso en la ruina, 

en cada palabra que tiembla, 

en cada lagrima que no cae, 

en cada intento de nombrar lo que no se deja nombrar. 

 

Mientras existan las palabras yo existiré, 

aunque el cuerpo se quiebre, 

aunque la mente se agote. 

Las letras me sostienen, 

me salvan del silencio, 

me recuerdan que el dolor también sabe escribir poesía. 


Seguiré buscando la felicidad aunque nunca llegue, 

seguiré escribiendo sobre ella, aunque sea solo una ilusión con rostro de amanecer, 

aunque no responda, 

porque hay esperanza incluso en la espera 

y mientras espero 

estoy viva.

 

No sé quedarme

 Yo no sé quedarme.

No sé estar en un solo lugar.

 

Me aterroriza pensar que las cosas 

podrían quedarse estáticas...

por siempre.