miércoles, 19 de abril de 2017


Déjame, aquí un ratito más,
estoy cansada y me duelen los pies.
Camina no más.

La ira viene por mi

Por qué te permito hacerme esto?
Por qué puedes simplemente andar por la vida y pasearte con un corazón reseco y una actitud de mierda.
Por qué me haces sentir así asquerosa, puta, puta, peor que una puta, porque la puta no siente mientras le paguen, pero tú me estás sacando hasta la ultima gota, mientras te deleitas con mi sufrimiento.

Por qué me arrastro por el suelo, como serpiente repulsiva y le vas pisando la cabeza para que no se acerque lo suficiente.

Siento el odio, viene desde mis entrañas, viene saliendo como vapor por mis fauces, viene persiguiéndome a mi, y me arranco y me arranco, porque no quiero odiarte, porque mi alma no quiere odiarte, porque mi corazón, no quiere odiarte. Pero tú, te ríes mientras lucho con esta sensación, en mi cara, en mi puta y perra cara fea y vulgar.

Me estoy empezando a odiar a mi, porque como mierda te dejo hacerme esto,
Me tengo un puto asco, y ganas de vomitar sobre mi, porque te dejo hacerme esto.
Transformarme en esto, en esta mierda sin nombre, me vas pisando como caca en tus zapatos, me vas trayendo como moscas en la mierda, me vas dejando heridas tan profundas, que siento desde fuera como se va rompiendo mi corazón. El que tanto te amaba, el que por la cresta te sigue amando.

Y me das estos abrazos pasados a mendicidad, pasados a guano, hediondo, pero no importa, porque ya me has hecho oler peor que un perro muerto de 15 días. Toleraría una putrefacción más grande, pero no la que viene de mi, no está, no esta wea que me estás haciendo.

Por la chucha que tengo rabia, rabia de que sean las 4:30 de la mañana y estés roncándome en el oído derecho, y yo sin poder dormir, tengo rabia de que hace 5 minutos atrás me dijiste que ya no me amabas (nuevamente) y de que todo había sido muy rápido, cuando no fui yo, quien te pidió que me sacaras de la mierda de vida que tenía, que no me amabas ahora, cuando hace un par de horas atrás me andabas trayendo como tonta re culia para arriba y para abajo.
Tengo rabia de que pongas cara de imbecil, cuando te digo que me molestaba que anduvieras calentándote el pico, con las minas que tienes en el Facebook, y te reías de mí y te reías de mí, y ahora vienes a decirme que exagero?

Ojalá venga luego una maraca, de esas que te gustan tanto, te enamore y te cague y te cargue y te cague y te cague y te cague y te cague y te cague y te cague y te meta una guagua a la fuerza, una guagua que nunca va a ser tuya, una guagua llena de semen ajeno, una guagua de algún aweonao caliente, que disfrutaba a tu mujer mientras tú la estabas amando y que llores y llores y llores y llores y llores, por cada lágrima que me hiciste derramar riéndote de mi.

Ojalá esa mujer fuera yo, la misma tonta culia, que enamoraste de puro caliente y que hoy recibe tus miserables y asquerosas muestras bipolares de afecto.

martes, 3 de enero de 2017

Aún recuerdo cuando me amabas

Aún recuerdo cuando me amabas
Y la fragilidad se apoderaba de nuestros cuerpos.
Aún recuerdo cuando apoyabas tu cabeza en mi pecho antes de dormir,
Y yo te contaba graciosas historias,
Para calmar tu descanso.

El olor de tus besos siguen tan fresco,
Sobre mi boca,
Como un beso que jamás hubiese tenido un final.

Me inventé un recuerdo,
Para mantenerte con vida, aún cuando no vivas.
Y aunque vives, en mi,
Tu amor se ha desvanecido, como si hubiera muerto uno de los dos.

No se, que nos pasó,
Nos dejamos dominar, desgastar
Y yo loca perdida,
Aún recuerdo cuando me amabas.

Me abrazabas a ti, no había nada más,
El mundo desaparecía, los colores desaparecían,
Yo misma desaparecía y me complementaba enteramente en ti.

Aún recuerdo cuando me amabas
Y me mirabas con gracia,
Ponías tu mano sobre la mía y todo estaba bien,
Al menos eso creía yo.

Aún recuerdo cuando me amabas,
Y me mirabas
Y yo era tu mundo y tú eras mi mundo
Y juntos dominábamos el universo.

Yo no opte, solo me entregue.
Aún recuerdo cuando me amabas,
Como un sueño, como una pesadilla, como una bella y deliciosa agonía.

Todo está bien,
Al menos pareciera que todo está bien.

Pero en mi, y estando a tu lado
Te recuerdo como si no te tuviera,
Pero te tengo
Y es lo que más me duele,
Que yo aún recuerdo cómo se sentía cuando me amabas.


martes, 23 de febrero de 2016

Al corte (a cualquier corte)

Es bello,
Con sangre,
Con forma,
Feliz,
No duele,
No duele,
No...
...duele.

sábado, 9 de enero de 2016

Súcubo

Me siento un poco como un espécimen,
Como una rara cosa que se mueve por el espacio,
Llena de lascividad
Y palabras cortitas.

Me refiero a técnicas de persuasión,
Fáciles.

Cuando un poco de mi, quiere un poco de todo,
Me pongo en un estado de alerta,
De defensa y ofensa.
Me armo con colores nuevos y llamativos
Y me entrego entera a la satisfacción.

No soy de las que piensan en quitarse un poco de todo ese yo,
Cargado de yo y mucho yo y más yo.

Decir que no es una opción,
A la cual recurro de vez en cuando,
Cuando entre besos mojados,
De pronto decido
Que a veces "el placer puede esperar"

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Declaración de amor

Muchas veces tuve miedo al sentir que enloquecía , tratando de ocultarme de lo que para mí resultaba algo ignorantemente inevitable.
Pero un día cualquiera me entregué al placer de sentir que mi vida no tenía riendas y que yo era la persona que menos podía controlarla.
Sentí lo rico que es hundirse en la pena y llorar lágrimas saladas.
Valoré cada una de ellas mientras rodaban por mi cara.
La sensación que me dejaba, esa angustia, era más que angustia, era placer.

En qué momento la pena se transformó en algo que ya no me dañaba, que no me destruía, sino que por el contrario, me hacía sentir más llena de vida.
Entonces ya nada era suficiente, y comencé a experimentar deseos más fuertes de sufrimiento, de autodestrucción. Realmente no tenía miedo a la muerte, me resultaba plenamente tentativa.
Tomé un cuchillo, un vidrio, una hoja de afeitar, una aguja, en fin, tantas cosas que enterré con gusto en mi cuerpo, disfrutando de la noble tristeza y vacío que me provocaba ver la sangre salir y correr por mi piel, degustando la belleza infinita de la sangre eterna, que al igual que las lágrimas saladas parecían no acabar jamás.

Para cuando la sangre se volvió insuficiente y las lágrimas parecían más letárgicas que animosas, desee probar sensaciones más riesgosas, más tristes, más deprimentes, porque en el fondo eso me hacía sentir bien, me hacía sentir viva.
Saqué para ese entonces, desde la caja de pastillas de mi mamá, las que me parecieron más coloridas, más atrevidas por si nombre o por su gramaje, las fui poniendo en mi boca una a una, saboreando ese amargor deseable que te acercaba a la muerte. Pienso que en algún momento realmente no deseaba morir, sólo necesitaba morir momentáneamente, levantarme al día siguiente luego de un largo día de descanso. Pero entonces un par de horas o un día no bastaba, y comprendí que sinceramente me gustaba esa idea que se genereba en mi cabeza al ver el dolor ajeno. Porque yo no tenía miedo, no, por el contrario, estaba bien para mí, después de todo, podría simplemente no despertar más y qué perdía yo.

Es lo bueno de no sentir, de no dejarse llevar por las emociones, de no entregarse a los afectos, porque eso no me hacía sentir bien, no. Por el contrario, mis relaciones interpersonales se fueron volviendo cada vez más caóticas y yo fui perdiendo cada vez más mi capacidad de razonamiento lógico y me fui entregando cada vez más a la frialdad de manipular, me fui haciendo una experta en el arte del delirio.

A medida que pasaban los años, me faltaban emociones fuertes y razones para sentirme miserable. Morirse ya no era lo mismo, porque si me moría, dejaba de sufrir y si dejaba de sufrir entonces dejaba de vivir. No sé si eso tendrá alguna lógica coherente, yo prefiero dejarlo así.
Y fue que apareció para mí el primer y más maravilloso contacto con las drogas, tan difícil de explicar ese descontrol corpóreo, esa pérdida de conciencia absoluta, hermosa, sublime.
Yo ya no me pertenecía a mi, yo le pertenecía a mi suerte, a la suerte de seguir con vida, después de tantos derrumbes y sobredosis exquisita sobredosis de culpa y arrepentimiento. Las probé en varias formas y colores, sola o acompañada, daba lo mismo, la sensación era la más pura y sin igual experiencia de vida que había tenido hasta entonces.

Qué era eso de amar, qué era eso de querer o de que te importara lo que pasará a tu alrededor. Las demás personas podían irse todas a la punta del cerro, yo quería drogarme y alcoholizarme y despertar o no despertar, daba lo mismo, pues de morir, habría muerto con la dicha más grande que mi cuerpo puede desear. Ser un estropajo y perder el respeto propio, entregarse a lo que fuera, sin cuestionarse, sin limitarse, era mejor que ver salir sangre de mi cuerpo, era sentir la sangre fluyendo dentro de todo mi yo. Perdí un par de cosas en el camino, un par de objetos u un par de amigos, eso de a poco fue dando lo mismo. Porque ese instinto gregario y materialismo es propio de la gente llena de vida y yo no, yo estaba llena de muerte y la muerte para mí era la vida.

Quiero afirmar y jurar, que hoy día no tengo miedo a volverme loca, no tengo miedo a perder la razón, no tengo miedo a la muerte, no tengo miedo al sufrimiento, puedo asegurar que entre más hundida y podrida estoy, me siento más llena de vida. Vi un cuadro mío, en el cual yo estaba internada, alejada de la gente, gozando cada diagnóstico y destrozando la paciencia de quienes estaban a mi cargo, era tan gracioso, ponerse a llorar, cortarse un poquito y las personas se espantan con todo. Ellos no saben de sentirse vivos.

Cuando yo muero, en mis sueños, es cuando me libero de todo lo que me ata a la tierra, me veo libre y sin tapujos, me veo feliz y contenta. Levantarse cada día después de tan bellos sueños es horrible, es vivir en una constante pesadilla, asumir mi realidad condicionada, me hace sentir autocompasión, me hace sentir vergüenza de mí misma, me hace sentir enferma crónica y deshauciadamente.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Falta y razón

Lo que me faltan son palabras para terminar lo que mi razón no termina nunca de decir.
Lo que me faltan son ases bajo la manga,
Son tácticas y estrategias,
Me falta comprensión y capacidad de perdón,
Me falta razón y me sobra razón y tengo exceso de ella y me visto de ella, y me desvisto de ella y me cubro con ella.
Lo que me faltan son matices en mis mejillas descoloridas.
Lo que me faltan son ganas de quedarme o quizás tengo miedo a quedarme quieta para siempre en un mismo lugar,
Dejar que la tormenta pase y que los años pasen y que la vida pase, y yo mantenerme quieta en un sólo lugar, inamovible, petrificada.
Lo que faltan son motivos o razones, lo que sobran son límites y escondites.
Lo que sobra es cobardía y pánico es inestabilidad y melancolía,
Lo que faltan son métodos y comienzos, ayeres convertidos en hoy y mañanas que nunca llegarán.