Mi cuerpo no busca salvación.
Busca intensidad.
Y eso —dicen—
los enloquece.
Les gusta mi locura
cuando me arqueo sobre ella,
cuando mi caos gime,
cuando mi inestabilidad
se vuelve ritmo.
Entonces quieren cuidarme.
Ponerme nombre.
Ponerme límites.
Como si mi infierno fuera una fase
y no el único lugar
donde sé existir.
Soy bella cuando deseo sin promesas.
Soy rara porque no quiero cura.
Porque mi fuego no pide manos
que lo apaguen,
sino cuerpos
que se atrevan a arder conmigo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario