Escribo porque no sé permanecer en silencio. Porque la palabra es mi carne y mi condena, y porque a veces la única manera de no enloquecer es dejar que la locura hable por mí. No busco respuestas, solo temperatura. Soy Laura Desamparada: lo que queda cuando el alma hierve demasiado.

martes, 3 de febrero de 2026

Intensidad no disponible


Dicen que quieren estar conmigo

y no sé si hablan de mí

o del temblor que provoco

cuando no me acomodo.

Intensa.

Esa palabra.

La dicen como diagnóstico

o como invitación.

Nunca como dato.

Me cuidan.

Por un rato.

Hasta que se dan cuenta

de que cuidar no era el plan

sino la excusa.

Me desean.

Bien.

Yo también deseo cosas

que no entiendo del todo.

Sexy.

Fogosa.

Caliente.

No me molesta.

No me eleva.

Lo anoto y sigo.

Les interesa mi medicación.

Les interesa mi mala relación con mi madre,

como si el origen explicara el resultado.

Como si no fuera evidente

que heredé sus trastornos

igual que otros heredan los ojos

o la forma de las manos.

No me duele decirlo.

Es información.

Les gusta que no tenga red.

Que no haya a dónde volver.

Eso me vuelve manejable.

Narrable.

Un lugar donde proyectarse

sin quedarse.

No soy una carga.

Eso lo decidí hace tiempo.

Tampoco soy un caso.

Ni una advertencia.

Vivo intenso

porque así late esto.

No porque quiera ser especial.

No porque esté pidiendo algo.

Y no entiendo a la gente.

No entiendo por qué confunden

intensidad con permiso,

cuidado con superioridad,

cercanía con derecho.

No me quedo para explicarlo.

Me quedo siendo.

Un poco al margen.

Un poco lúcida.

Un poco loca.

Sin pedir traducción.

No hay comentarios.: