Dicen que quieren estar conmigo
y no sé si hablan de mí
o del temblor que provoco
cuando no me acomodo.
Intensa.
Esa palabra.
La dicen como diagnóstico
o como invitación.
Nunca como dato.
Me cuidan.
Por un rato.
Hasta que se dan cuenta
de que cuidar no era el plan
sino la excusa.
Me desean.
Bien.
Yo también deseo cosas
que no entiendo del todo.
Sexy.
Fogosa.
Caliente.
No me molesta.
No me eleva.
Lo anoto y sigo.
Les interesa mi medicación.
Les interesa mi mala relación con mi madre,
como si el origen explicara el resultado.
Como si no fuera evidente
que heredé sus trastornos
igual que otros heredan los ojos
o la forma de las manos.
No me duele decirlo.
Es información.
Les gusta que no tenga red.
Que no haya a dónde volver.
Eso me vuelve manejable.
Narrable.
Un lugar donde proyectarse
sin quedarse.
No soy una carga.
Eso lo decidí hace tiempo.
Tampoco soy un caso.
Ni una advertencia.
Vivo intenso
porque así late esto.
No porque quiera ser especial.
No porque esté pidiendo algo.
Y no entiendo a la gente.
No entiendo por qué confunden
intensidad con permiso,
cuidado con superioridad,
cercanía con derecho.
No me quedo para explicarlo.
Me quedo siendo.
Un poco al margen.
Un poco lúcida.
Un poco loca.
Sin pedir traducción.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario