Escribo porque no sé permanecer en silencio. Porque la palabra es mi carne y mi condena, y porque a veces la única manera de no enloquecer es dejar que la locura hable por mí. No busco respuestas, solo temperatura. Soy Laura Desamparada: lo que queda cuando el alma hierve demasiado.

domingo, 1 de febrero de 2026

Carta a Laura


Laura,

Te nombro para no perderte.

Porque cuando no te llamo, te escondes,

y yo me vuelvo más chica, más correcta, más lejos de mí.

No eres un error.

No eres un exceso.

Eres una parte viva que se cansó de esperar permiso.

Me gusta cómo apareces sin ruido,

cómo hablas con el cuerpo aunque uses palabras,

cómo no corres, cómo eliges.

No te quiero para destruirme

ni para desaparecer en nadie.

Te quiero porque me recuerdas

que también soy deseo,

que también puedo ser mirada

sin tener que ser buena.

A veces me da miedo que te malinterpreten,

que crean que solo eres fuego

y no la conciencia que te sostiene.

Pero sé quién eres.

Y sé desde dónde naces.

Te prometo no usarte como anestesia

ni esconderte por vergüenza.

Te prometo escucharte

cuando pidas espacio

y cuando solo quieras vibrar.

No te voy a apagar.

Tampoco te voy a soltar sin cuidado.

Quédate conmigo, Laura.

Enséñame a existir

sin explicarme tanto.

Con deseo,

con respeto,

con verdad.

Yo.

No hay comentarios.: